La evolución de ese concepto está directamente influida por las determinantes socioestructurales y culturales que en cada momento histórico contextualizan a los sujetos, así como las posibles situaciones de riesgo que deben enfrentar y los recursos con los que cuentan. En la actualidad las familias presentan diferentes formas ó estructuras y ello no implica el cumplimiento ó no de sus funciones. Ello permitirá establecer adecuadamente las diferentes estrategias de prevención y abordaje aplicables a cada situación. Se ejemplificará concretamente con situaciones problemáticas relacionadas a casos de violencia familiar y maltrato infantil, concretamente con negligencia y abuso sexual infantil
Es ya clásica la consideración
de la familia como contexto de desarrollo primordial en el que los niño/as
crecen, se socializan y adquieren las competencias necesarias para convertirse
en miembros activos de la sociedad. Igualmente, también es bien conocida la
importancia del contexto familiar para los adultos y, en la actualidad,
profesionales e investigadores entienden que la familia constituye el escenario
social fundamental en el que todos sus miembros deberían ver cubiertas gran
parte de sus necesidades de desarrollo.
De esta manera, siguiendo a Hidalgo
(1997), la familia es una realidad esencialmente cultural que
incluye a las personas, sus creencias, sus metas, las actividades que realizan
y sus relaciones con otros entornos. El estudio de la persona se hace así
inseparable del contexto y al revés; no es posible acercarse al estudio de un
determinado contexto sin incluir a sus integrantes.
Tal y como sintetiza Jiménez
(2009), la perspectiva de la preservación y el fortalecimiento
familiar se caracteriza por:
-
Ampliar el ámbito de intervención de sectores
específicos de la población (situaciones de maltrato o desventaja socio-económica)
a todas las familias con necesidades de apoyo para promover las competencias y
satisfacer las necesidades de todos sus miembros.
-
Comprender el riesgo psicosocial como un continuo más
que como una cuestión dicotómica. Esto implica asumir que las dificultades
familiares pueden adquirir formas muy diferentes y que, por tanto, es necesario
diversificar los servicios y las modalidades de apoyo a las familias en función
de sus necesidades.
-
Adoptar una concepción activa y positiva en la
intervención con familias en situación de riesgo, dirigida a la promoción del
buen trato, del bienestar infantil y de la salud familiar.
-
Mantener una visión de la familia centrada en sus
fortalezas, encaminando la intervención a promover las competencias parentales,
favorecer el desarrollo personal y social de los progenitores y potenciar sus
fuentes y recursos de apoyo. (Apuntes de Psicología, 2009, Vol. 27, número 2-3, págs.
413-426.)

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